Lazo RosaTestimonios

Queremos compartir contigo

Aunque no todos nuestros socios son afectad@s, la Asociación de Cáncer de Madrid ha sido creada e impulsada por afectadas. Aquí puedes leer algunos testimonios, que las mujeres que formamos la junta directiva de Ascamma
queremos compartir contigo. Si tú también quieres compartir tu experiencia mándanos  tu testimonio (máximo 200
palabras) a silvia.r@ascamma.org. Y si quieres, tu historia podrá formar parte del  libro “Estamos aquí para contarlo”, una recopilación de valientes testimonios que más adelante publicaremos con tu ayuda.





Silvia Ruiz. Responsable de prensa y comunicación de Ascamma

“Cuando le digo a una mujer que acaba de ser diagnosticada de cáncer de mama que la enfermedad puede ser una oportunidad, siempre me miran como si estuviera loca. Poco a poco se dan cuenta, como yo lo hice en su momento, que verdaderamente es así. Unas descubrimos la fuerza interior que no sabíamos que teníamos dentro, otras  comenzamos relaciones más auténticas, muchas de nosotras orientamos nuestras vidas a hacer lo que verdaderamente nos gusta. No es un camino de rosas, pero al final siempre acaba siendo una lección de vida que te hace crecer”.

Chus Lacambra. Vicepresidenta de Ascamma

“Una semana llorando y visitando todos los médicos del mundo en espera de que hubiese sido un error… asi empecé mi vida con cáncer de mama. Una vez confirmado lo único que podía hacer era racionalizarlo y enfrentarme a lo que estaba pasando dentro de mi.Y asi lo hice. Nunca oculté mi enfermedad, incluso calva me parecía que estaba tan mona… siempre confié en recuperar la salud y mientras tanto no iba a dejar que la vida pasara por mi lado, segui viviendo, amando, llorando, riendo a carcajadas, haciendo deporte y se abrió un mundo nuevo para mi… podía ayudar a otros que no tuvieron tanta suerte como yo a que su sufrimiento fuese menor, a tender mi mano por si la necesitaban…En el camino perdí personas que habían sido importantes (tenian tanto miedo) pero descubrí otras con mucha más luz, que ahora forman parte de mi vida, es una consecuencia positiva del cáncer.Tuve miedo, claro, aún lo tengo, pero no me acobarda el futuro, ESTOY VIVA y a mi lado grandes seres humanos que me quieren a manos llenas y a los que quiero sin esquinas…mi vida es ahora más rica y más completa.”

Mari Carmen FerreiroPresidenta de  Ascamma

Parece que fue ayer cuando un cansancio extremo se apoderaba de mi ser, invitándome a lanzarme a la búsqueda de un por qué. Ya casi han pasado 2 años. Nunca olvidaré cómo durante la realización de un bag me dieron el diagnóstico.

¡Dios, me desmayé! En ese preciso instante mi vida parecía desvanecerse y yo no podía hacer nada para evitarlo. Decidí ponerla en manos de los médicos. En 14 días todo estaba listo para la intervención.

Todo parece ocurrir tan rápido, que tu mente tiene que hacer un gran esfuerzo por seguir a los acontecimientos que día tras día se van desencadenando. La quimio fue una experiencia muy dura, tengo terror a las agujas y los efectos secundarios eran indescriptibles. En ocasiones me sentía morir.

En los inicios de la enfermedad dudé de la existencia de Dios, pero poco a poco, mi fe no sólo ocupó una parte muy importante de mi vida, sino que se vio reforzada.Mi familia y amigos me arroparon y dieron todo el cariño que necesitaba para poder continuar con la lucha.  Nunca imaginarán cuánto bien me hicieron estando ahí.

En ese duro y lento caminar hubo quien no quiso ser mi compañero de viaje, otros se quedaron a medio camino, pero hoy sé que son personas que simplemente no necesitaba  en mi vida.

El cáncer ha sido un punto de inflexión. No es que me alegre de haberlo tenido, pero hoy siento que de alguna manera, me ha dado más de lo que me ha quitado. Me ha hecho ver y comprender la vida desde otra perspectiva, priorizando y dándole a las cosas su valor real, llenándome de energía y fuerza para abrirme y ayudar a los demás, descubriéndome un mundo  desconocido para mí hasta ese instante. Me siento más y mejor persona, llena de ilusiones y con unas ganas de vivir desbordantes.

Carmen Fabre. Secretaria de Ascamma

“Hace unos meses (2 de Diciembre de 2009), una lotería que nunca quisieras te hubiese tocado, me tocó a mí y decidí, inmediatamente  compartirla y aceptarla, primero conmigo misma y luego con todos los que me rodean, la mayor parte me han acompañado y los que no (que también los ha habido) pues … no merecían la pena.
El cáncer es una pausa en mi vida, que desde luego estoy segura de superar, pero sin la compañía de mi familia y amigos, sería mucho más difícil y complicado, han sido y son mi apoyo, mis luces y mis guías, también mis brújulas cuando , a veces, creía perder el norte-
No tengo tiempo para recrearme en la pena, en el romanticismo barato ni en el victimismo. Me quitan energía y la necesito entera para mí, soy egoísta, tengo la necesidad de vivir cada segundo como si el anterior y el siguiente no contasen, tengo que concentrarme en lo que pasa en cada instante justo y no en lo que me pueda pasar dentro de un día , un año, o diez¡¡¡”
Voy cada día del brazo de un enemigo al que tengo de compañero de viaje, está a mi lado, pero no le dejo ni por un momento que me adelante, tampoco le ignoro, está ahí, tiene que ir conmigo a la par durante un cierto tiempo para luego marcharse, no tengo que cabrearme con él, es lo que quiere, PODERME, y no lo va a conseguir.Tengo lo mejor, tratamiento, comprensión y compañía…qué más puedo pedir¡¡
Encontré ASCAMMA y me ha revitalizado, me ha dado ganas de abrir mi corazón y mi alma a todas las mujeres (y a algún hombre, que también los hay) para aportar mi experiencia y mi cariño a todas/os. Estoy aquí para lo que necesitéis y lo que yo pueda aportaros¡¡¡ BESOS Y FUERZA”


Ana María Puente. Socia Fundadora

“Tenía 24 años, cuando en un sobre cerrado, me comunicaron que debía ir urgentemente al hospital. Allí me esperaba un equipo de cirujanos para operarme al día siguiente.  El médico se sentó en mi cama y cogiéndome de la mano me dijo: “niña, no sabemos si tenemos que quitar la parte donde esta el bulto o todo el pecho y los ganglios linfáticos. Pero no te preocupes, que tú te morirás de viejecita”.
Cuando salí del quirófano lo primero que miré fue mi pecho. Esa pequeña montaña que durante años me había acompañado, se había convertido en una llanura. Nadie hasta el momento me había dicho que tenía cáncer. Las enfermeras me aconsejaban que me comprara una peluca y yo no entendía nada. Tras mucho pensar, decidí enfrentarme con mi realidad y pregunté a mi familia. Su actitud  confirmó mis sospechas. Ahora sabía con lo que me enfrentaba y podía luchar.
Durante ocho meses me dediqué a luchar contra el cáncer, confiando en que yo podría salir adelante. Han pasado 10 años, he tenido un niño maravilloso y me considero una superviviente. Mi lucha actual es que cada vez más mujeres también lo sean.”